La finalidad, caminar hacia una sociedad libre y justa desde la contracultura, la autogestión y la rebeldía. EL LOKAL, dentro de nuestras posibilidades y deseos, entendemos que debe ponerse al servicio de las luchas que se originan tanto en el barrio, como en el resto de la ciudad, y el mundo.
Buenaventura Durruti es una de las principales figuras del anarquismo español, que es lo mismo que decir de los últimos ciento cincuenta años de nuestra historia. Porque a pesar de los intentos por minusvalorar, despreciar, cuando no ignorar, la extensión, persistencia y arraigo de las ideas ácratas en nuestra sociedad, cualquier observador que se aproxime a nuestro pasado más reciente no podrá dejar de observar la presencia de mujeres y hombres que, desde distintas organizaciones y planteamientos, han defendido las ideas libertarias.
Con esta biografía no se trata de mitificar al militante ácrata, ni elevarlo al panteón de los hijos ilustres muertos por la patria o la revolución.
Pero no por ello hay que arrojar al olvido a personajes que, por sus cualidades personales o por las circunstancias concretas que les tocó vivir, pueden representar a otros miles de hombres y mujeres anónimos y sintetizar acontecimientos que sí deben ser recordados más allá de la historia oficial, de la elaborada por el Poder. Como instrumento de lucha, como elemento de resistencia a la desinformación imperante, se reedita «Durruti en la Revolución española»
Abel Paz. Fue un historiador anarquista autodidacta. Nacido en Almería en 1921 vivió su infancia y juventud en los ambientes anarcosindicalistas que tanta presencia tuvieron en la Barcelona de la época. Exiliado en Francia en 1939 sufrió los campos del exilio y las compañías de trabajo de la ocupación alemana hasta que escapó y entró en España para luchar contra el franquismo. Detenido, condenado en Consejo de Guerra, inició un rosario de cárceles hasta que en 1954 rompió su libertad provisional marchando a Francia. Toulouse, Brezolles, Clermont-Ferrand y París forman parte de su geografía física en ese momento, como Antonia Fontanillas, Abelina Ronchera y Jenny Benimeli lo serán de su geografía sentimental. Tras la muerte del dictador volvió a España donde desarrolló una intensa actividad de difusión de las ideas libertarias así como la publicación de una docena de libros.
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